CARTA ABIERTA A LOS ENFERMOS DE LOS HOSPITALES

LAS-ARRUGAS

Hola,

Me llamo Cristina Lafuente, escuché esta iniciativa de enviar cartas a las personas que se encuentran hospitalizadas en estos días y me parece una idea genial, muy motivadora y estimulante, si yo estuviera en la misma situación me gustaría recibir cartas de muchas personas, cartas de buen corazón, cartas cercanas, cartas que me acompañen, cartas de amistad y amor, cartas que nos hacen sentirnos más felices y mejores personas.… La vida es un ir y venir, y a todos nos trae momentos buenos y menos buenos, siempre he oído que las personas crecemos ante la adversidad, por lo que es mejor que nos mantengamos fuertes de espíritu y confiar en recuperarnos lo antes posible.

Tengo 57 años y dirijo una empresa de servicios de «Actividad Física Adaptada a domicilio para Personas Mayores» en Madrid y Cercanías, (MAYORES EN FORMA OK), estamos muy comprometidos con las personas mayores a las que ayudamos cada día a recuperarse funcionalmente, para que puedan caminar y ser autónomos, así como a prevenir el riesgo de caídas. La situación nos está afectando como a la gran mayoría de las personas y por supuesto nos sentimos preocupados cada día porque no les afecte, y si es el caso, se recuperen pronto.

Me gustaría compartir con vosotros un cuento, ¿Sabéis qué le dijo Einstein a una madre que le pidió consejo para potenciar la mente matemática de su hijo?   “Si quiere que sea más inteligente, cuéntele cuentos a su hijo”.

*Comparto con vosotros un pequeño homenaje a los abuelos, que siempre están dispuestos a pasar el tiempo con los niños.

LAS-ARRUGAS   

Las Arrugas

Era un día soleado de otoño la primera vez que Bárbara se fijó en que el abuelo tenía muchísimas arrugas, no sólo en la cara, sino por todas partes.

– Abuelo, deberías darte la crema de mamá para las arrugas.

El abuelo sonrió, y un montón de arrugas aparecieron en su cara. – ¿Lo ves? Tienes demasiadas arrugas
– Ya lo sé Bárbara. Es que soy un poco viejo… Pero no quiero perder ni una sola de mis arrugas. Debajo de cada una guardo el recuerdo de algo que aprendí.

A Bárbara se le abrieron los ojos como si hubiera descubierto un tesoro, y así los mantuvo mientras el abuelo le enseñaba la arruga en la que guardaba el día que aprendió que era mejor perdonar que guardar rencor, o aquella otra que decía que escuchar era mejor que hablar, esa otra enorme que mostraba que es más importante dar que recibir o una muy escondida que decía que no había nada mejor que pasar el tiempo con los niños…

Desde aquel día, a Bárbara su abuelo le parecía cada día más guapo, y con cada arruga que aparecía en su rostro, la niña acudía corriendo para ver qué nueva lección había aprendido. Hasta que, en una de aquellas charlas, fue su abuelo quien descubrió una pequeña arruga en el cuello de la niña:

– ¿Y tú? ¿Qué lección guardas ahí?

Bárbara se quedó pensando un momento. Luego sonrió y dijo

 Que no importa lo viejito que llegues a ser abuelo, porque…. ¡te quiero!

Espero que os lleguen mis líneas y podáis pasar un momento agradable, con mis mejores deseos y esperanza de que todo esto pase pronto, también agradecer a todas las personas que están participando para que todo funcione y os ayudan a superar y dar ánimos en el día a día.

Con todo mi apoyo y cariño,

¡¡Un fuerte abrazo y mucho ánimo!! ¡¡Juntos venceremos!!

 

Cristina Lafuente

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